“El calor es insoportable y pesado.
La luna casi llena, está rodeada de un halo amarillento como de pus.
El aire está cargado de electricidad y no se mueve ni una sola hoja: todo anuncia la tormenta.
Alejandra da vueltas y vueltas en la cama, desnuda y sofocada, tensa por el calor, la electricidad y el odio.
Alejandra se acerca a la ventana y mira la hora en su relojito: las dos y media.
Entonces mira hacia afuera: el campo aparece iluminado como una escenografía nocturna de teatro; el monte inmovil y silencioso parece encerrar grandes secretos; el aire está impregnado de un perfume casi insoportable de jazmines y magnolias.
(…) Hay algo malsano en esa luz amarillenta y pesada, algo como radioactivo y perverso…
Alejandra tiene dificultad en respirar y siente que el cuarto la agobia. Entonces en un impulso irresistible, se echa descolgándose por la ventana (…)
Se aleja hacia el lado del monte y se echa sobre la hierba, abriendo todo lo que puede sus brazos y sus piernas.
La luna le da de pleno sobre su cuerpo desnudo y siente su piel estremecida por la hierba.
Así permanece largo tiempo: está como borracha y no tiene ninguna idea precisa en la mente. Siente arder su cuerpo y pasa sus manos a lo largo de sus flancos, sus muslos y su vientre…se estremece como la piel de los gatos”

